Yo soy consumidor ¿y yo?

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Una misma persona puede ser consumidor … y a la vez no serlo, dependiendo de que el bien o el servicio que adquiera o contrate lo haya adquirido o contratado para su uso personal o para su uso profesional

Por Javier Crespo Bonachera. Socio Director de Solventium Abogados

 

No. No vuelvan a leer el título. No hay ningún error. Aunque parezca increíble,  con la ley en la mano,  nos podemos hacer una pregunta tan desconcertante como la que encabeza estas líneas.

El artículo 3 de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios (LGDCU) , establece que “son consumidores o usuarios las personas físicas que actúen con un propósito ajeno a su actividad comercial, empresarial, oficio o profesión”. Y ello implica que una misma persona puede ser consumidor … y a la vez no serlo, dependiendo de que el bien o el servicio que adquiera o contrate lo haya adquirido o contratado para su uso personal o para su uso profesional.

Así, cuando el Sr. Pérez contrata dos líneas de teléfono, una para su casa y otra para su frutería, el contrato de la primera línea esta sometido a la legislación de defensa de los consumidores y el segundo no, aunque la persona que contrate sea la misma, lo que se contrate sea lo mismo y la compañía telefónica sea la misma. Se preguntaran como es esto posible. Pues la respuesta es obvia: el legislador –en su infinita sabiduría- ha descubierto que cuando el Sr.Pérez se pone su bata de frutero se transforma – como el Doctor Jekyll y Mister Hyde, como Clark Kent y Superman – y adquiere unos conocimientos y unas capacidades de negociación que le permiten tratar de tu a tu a las grandes compañías y negociar con las mismas en pie de igualdad, por lo que ya no necesita de la protección que otorga la LGDCOU… hasta que se quita la bata de frutero, momento en el que vuelve a ser una persona normal, necesitada de una legislación protectora que le defienda de los posibles abusos de las grandes compañías.

La explicación anterior les puede parecer absurda…y lo es. Pero es la única que se me ocurre si se parte de la premisa de que el legislador ha definido correctamente lo que es un consumidor. La otra alternativa es que el legislador esté equivocado y que, por tanto, sea necesario un cambio legislativo para definir correctamente lo que es un consumidor.

No se puede seguir ignorando una realidad que para la generalidad de los ciudadanos es evidente: que cuando se contratan bienes y servicios esenciales – agua gas, luz, teléfono, servicios bancarios… – todas las personas – físicas o jurídicas – que contratan un servicio con una gran compañía – que son las que comercializan dichos servicios –  lo hacen en una situación de franca inferioridad con la gran compañía,  que es la que impone sus condiciones y que, por tanto, el Sr.Pérez particular, el Sr.Pérez frutero y FRUTAS PEREZ necesitan de la misma protección.

Por ello, es necesaria una modificación legislativa de la definición de consumidor o usuario, que haga extensivo tal carácter a la generalidad de las personas, físicas o jurídicas, que consuman o adquieran bienes o servicios, con independencia de que dichos bienes o servicios se adquieran o consuman a nivel particular o profesional, quizá con la única excepción de aquellos supuestos en los que ambos contratantes sean grandes compañías que negocien en pie de igualdad y que expresamente decidan de mutuo acuerdo excluir el contrato concreto del ámbito de protección de la legislación de consumidores.

Lo contrario, sería mantener a gran parte de la ciudadanía en una absurda situación de “bipolaridad” legal y trasladar el mensaje de que el legislador actúa de forma demasiado timorata a la hora de defender los derechos de los consumidores, por miedo a incomodar a las grandes compañías.

 

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