Justicia Social: ¿cerrando brechas de las desigualdades? #CompartirConocimiento

Hoy, 20 de febrero de 2020, y desde que así lo estipulase en el 2007 la Asamblea General de Naciones Unidades, conmemoramos el Día Mundial de la Justicia Social, sin ninguna otra intención que la de subrayar y apoyar la labor de la comunidad internacional en su búsqueda por erradicar la pobreza, y promover el pleno empleo, el trabajo decente, la igualdad entre los sexos y el acceso al bienestar social.
Justicia Social: ¿cerrando brechas de las desigualdades? #CompartirConocimiento
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Javier Izaguirre Fernández,

Colaborador editorial.

@Izaguirrejavi

El día de hoy está marcado en rojo en el calendario de la ONU para recordarnos que “el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad en las naciones y entre ellas, y que, a su vez, el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse si no hay paz y seguridad o si no se respetan todos los derechos humanos”. Por ello, y con el deseo de materializar tales objetivos, cada año la organización internacional busca, a través de un lema, captar la atención de los medios de comunicación, de la ciudadanía y de los Gobiernos, para dar a conocer problemas sin resolver que precisan la puesta en marcha de medidas políticas concretas. Tal es así, que si en el 2019 se nos invitaba al ”Si quieres paz y desarrollo, trabaja por la justicia social”; en este nuevo año, la llamada de la Asamblea General es a Cerrar la brecha de las desigualdades para lograr la justicia social”. Así lo desarrolla y razona la Organización Internacional en el undécimo aniversario de este Día Mundial, a través del siguiente manifiesto:

Lema 2020: “Cerrar la brecha de las desigualdades para lograr la justicia social”.
 La justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro los países y entre ellos. Defendemos los principios de justicia social cuando promovemos la igualdad de género, o los derechos de los pueblos indígenas y los migrantes. Promovemos la justicia social cuando eliminamos las barreras que enfrentan las personas debido al género, la edad, la raza, la etnia, la religión, la cultura o la discapacidad.
La adopción de la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la justicia social para una globalización equitativa es un buen ejemplo de este compromiso ya que, a través de ella, se pretende garantizar resultados equitativos para todos a través del empleo, la protección social, el diálogo social, y los principios y derechos fundamentales en el trabajo.
Antecedentes.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó por unanimidad la Declaración de la OIT sobre la justicia social para una globalización equitativa el 10 de junio de 2008. Esta es la tercera declaración de principios y políticas de gran alcance adoptada por la Conferencia Internacional del Trabajo desde la Constitución de la OIT en 1919. Es heredera de la Declaración de Filadelfia, de 1944, y de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento, de 1998. La Declaración de 2008 expresa la visión contemporánea del mandato de la OIT en la era de la globalización.
Esta Declaración señera es una decidida reafirmación de los valores de la OIT. Es el resultado de consultas tripartitas que se iniciaron tras el lanzamiento del Informe de la Comisión Mundial sobre la Dimensión Social de la Globalización. Con la adopción de este texto, los representantes de los gobiernos y de las organizaciones de empleadores y de trabajadores de 182 Estados Miembros subrayaron la contribución clave de nuestra Organización tripartita al progreso y la justicia social en el contexto de la globalización. Se comprometieron a unir sus esfuerzos para reforzar la capacidad de la OIT en el avance hacia dichas metas a través de la Agenda de Trabajo Decente. La Declaración institucionaliza el concepto de Trabajo Decente desarrollado por la OIT desde 1999, y lo sitúa en el centro de las políticas de la Organización para alcanzar sus objetivos constitucionales.
Esta Declaración surge en un momento político crucial, que refleja el amplio consenso acerca de la necesidad de una fuerte dimensión social en la globalización, que permita conseguir mejores resultados y que estos se repartan de manera más equitativa entre todos. La Declaración constituye una brújula para la promoción de una globalización equitativa basada en el Trabajo Decente, así como una herramienta práctica para acelerar el progreso en la aplicación de la Agenda de Trabajo Decente a nivel de país. Asimismo, refleja una perspectiva productiva que destaca la importancia de las empresas sostenibles para la creación de más empleo y oportunidades de ingresos para todos.
La Asamblea General reconoce que el desarrollo social y la justicia social son indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad en las naciones y entre ellas, y que, a su vez, el desarrollo social y la justicia social no pueden alcanzarse si no hay paz y seguridad o si no se respetan todos los derechos humanos y las libertades fundamentales.
Reconoce además que la globalización y la interdependencia están abriendo nuevas oportunidades mediante el comercio, las corrientes de inversión y capital y los adelantos de la tecnología, incluida la tecnología de la información, para el crecimiento de la economía mundial y el desarrollo y la mejora del nivel de vida en todo el mundo, al mismo tiempo que persisten problemas graves, como agudas crisis financieras, inseguridad, pobreza, exclusión y desigualdad, en el seno de las sociedades y entre unas y otras, y grandes obstáculos para que haya una mayor integración y una participación plena de los países en desarrollo y de algunos países de economía en transición en la economía mundial.
El 26 de noviembre de 2007, la Asamblea General declara que, a partir de su sexagésimo tercer período de sesiones, el 20 de febrero de cada año se celebrará el Día Mundial de la Justicia Social (A/RES/62/10).

A sabiendas que, con la celebración de los Días Internacionales se busca, entre otras razones, ser altavoz y sensibilizar al público en general acerca de realidades que necesitan de protección, visibilidad y defensa; aparcando compromisos sociales globales inaccesibles, intenciones económicas inabarcables, promesas políticas distributivas incumplidas, objetivos de bienestar social casi utópicos, y búsquedas ineficaces de un modelo universal articulado en torno a la solidaridad colectiva, la equidad social y la eficiencia productiva…sólo nos cabe preguntarnos, ¿Qué puedo hacer yo para cerrar la brecha de las desigualdades de mi realidad más cercana?, ¿Cuál es mi postura y actitud ante la desafección política, la cuestión de género, el cambio climático, el drama de las migraciones, la corrupción, y el aumento del racismo y la xenofobia?, ¿Denuncio las situaciones cotidianas de injusticia y de discriminación de las minorías que me rozan?, ¿Me siento cómplice de la “injusticia social”?

Si hoy sigue teniendo sentido celebrar este Día Mundial, es porque la Justicia Social sigue brillando por su ausencia. Por ello, mientras tanto, podemos seguir rehuyendo de las desigualdades que nos rodean, adoptando una actitud evasiva, distrayéndonos por construir más muros, preocupándonos por la altura de las vallas de nuestras fronteras, por la eficacia de sus concertinas, por el color y el tamaño de nuestras banderas, por legalizar cómo morir de forma digna, y no por garantizar a todos vivir dignamente… Entretanto, titulares como “Armas españolas para el mundo. España es uno de los siete países del mundo que más armas, municiones y tecnología de doble uso, civil y militar, exporta. Un mercado extendido por los cinco continentes y en expansión” (Diario La Razón, 07/10/2019); “La pobreza amenaza en España a 800.000 familias con niños a cargo de abuelos, madres solas y migrantes” (Rtve, 05/02/2020); “La ‘isla’ plástica del Pacífico equivale ya a Francia, España y Alemania” (Agencia de noticias Europa Press, 23/03/2018), o “En España hay 8,5 millones de personas en exclusión social, un 14% más que en 2007” (Diario El País, 10/10/2019),  seguirán llenando nuestros telediarios y periódicos.

“No hay peor ciego que el que ya vio la realidad y decide cerrar los ojos de nuevo”. 

O lo que es lo mismo, mi apatía ante el drama en el Mediterráneo, tu indiferencia frente a la explotación infantil, nuestra insolidaridad frente a las noticias que nos hablan de los refugiados y desplazados, el desinterés ante el acaparamiento de los recursos naturales, nuestra incredulidad ante los datos de violencia de género, la falta de sensibilidad y la criminalización de los menores extranjeros no acompañados (MENA)… todo ello requiere de nuestra reconsideración, empatía, denuncia y protección.

Porque sí, urge el esfuerzo de todos: clase política, operadores económicos, y, sobre todo, la ciudadanía global. Que, el efecto llamada podría ser a la defensa activa de los derechos de toda persona humana; que, al igual que en su día con los bancos, ahora el rescate podrían ¨sufrirlo¨ las personas más vulnerables o en riesgo de exclusión social; que la unidad de España podría ser enfocada y redefinida, desde la ya tan compleja, mayoría absoluta de todos los españoles en el compromiso por promover la dignidad de la persona y su desarrollo humano integral; y que la Operación Triunfo sería conseguir que, ante tanto desafío y oportunidades de progreso, el 20 de febrero de 2021, ante un nuevo Día Mundial de la Justicia Social, conmemoremos, por muchas razones, que la idea de Justicia, entendida como equidad, se comprenda mejor por su cercanía a su apellido más Social.

 

 

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