Factores de Riesgo de conducta delictiva Juvenil. La violencia Filio Parental

Factores de Riesgo de conducta delictiva Juvenil. La violencia Filio Parental
Luis Alberto

 

Por Luis Alberto Flores Hernández 

Resumen

El fenómeno de la violencia ascendente o violencia filioparental (VFP) es un hecho cada vez más indicativo de crisis y dinámicas familiares perturbadas por diferentes motivos. Las escuelas y los y las profesionales de la psicopedagogía, por su contacto directo con los adolescentes y sus familias, deberían conocer a fondo las características y los factores de riesgo para el surgimiento de esta problemática para poder intervenir a tiempo, al igual que ocurre con otros profesionales.

El maltrato familiar de hijos a padres es un fenómeno complejo y de origen multicausal, que se manifiesta de forma diversa e inespecífica, y donde tienen incidencia un alto número de factores tanto ambientales, psicológicos, sociales o biológicos. Estos factores son muy diversos y tienen un peso diferente en cada caso, pero destaca la crisis de valores, la educación excesivamente permisiva, la pérdida de autoridad de los padres, las características personales de todos los implicados, el fracaso escolar, la dinámica familiar, la sociedad del consumo, y la falta de competencias parentales. Esta naturaleza multicausal del hecho violento y su hermetismo (dado por el carácter privado, que a menudo escapa del control social) hacen que la aproximación y estudio de este fenómeno sea de difícil abordaje. Además, hay que señalar el escaso tratamiento del tema en la literatura especializada, así como la falta de delimitación y conceptualización del fenómeno y de instrumentos de análisis.

También es necesario, que a raíz de la mayor incidencia en familias normalizadas y de nivel socioeconómico medio o alto, se fomenten intervenciones preventivas con padres y madres en las propias escuelas, ya que muchas familias no son usuarias habituales de los servicios sociales. Hay que tener en cuenta, como remarcan los estudios citados en el presente trabajo, de no culpabilizar a padres y madres cuando expresen sus dificultades para poner límites y protegerse de la violencia o de las amenazas de sus hijos e hijas.

Por último, es necesaria la formación de los equipos psicopedagógicos en las peculiaridades y procesos de la violencia ascendente, así como de otras violencias familiares relacionadas (violencia de género, violencia de adultos a menores, etc.), a fin de mejorar la detección y la posible orientación y derivación a los recursos asistenciales disponibles.

Palabras clave: violencia filioparental, adolescencia, maltrato, comportamiento disruptivo, factores de riesgo

Abstract

The phenomenon of ascending violence or filioparental violence (VFP) is an increasingly indicative fact of family crises and dynamics disturbed for different reasons. Schools, and psychopedagogy professionals, by their direct contact with adolescents and their families, should know in depth the characteristics and risk factors for the emergence of this problem to be able to intervene on time, as it happens with other professionals.

Family abuse of children to parents is a complex and multicausal phenomenon, which manifests itself in a diverse and nonspecific way, and where a high number of environmental, psychological, social or biological factors have an impact. These factors are very diverse and have a different weight in each case, but highlights the crisis of values, excessively permissive education, loss of parental authority, personal characteristics of all involved, school failure, family dynamics, the consumer society, and the lack of parental skills. This multicausal nature of the violent act and its secrecy (given by the private character, which often escapes social control) make the approach and study of this phenomenon difficult to approach. In addition, it is necessary to point out the scarce treatment of the subject in the specialized literature, as well as the lack of delimitation and conceptualization of the phenomenon and instruments of analysis.

It is also necessary, that due to the higher incidence in normalized families and of medium or high socioeconomic level, preventive interventions with fathers and mothers in the schools themselves are encouraged, since many families are not habitual users of social services. We must take into account, as the studies cited, not to blame fathers and mothers when they express their difficulties to set limits and protect themselves from violence or threats from their sons and daughters, while not stigmatizing the student with diagnostic labels that make understanding and accountability difficult.

Finally, it is necessary to train the psychopedagogical teams in the peculiarities and processes of ascending violence, as well as other related family violence (gender violence, adult violence to minors, etc.), in order to improve the detection and the possible orientation and referral to the assistance resources available.

Keywords: filioparental violence, adolescence, abuse, disruptive behavior, risk factors

 

Índice

Resumen. 2

Abstract 3

  1. Introducción. 5
  2. Cuerpo. 6

2.1.      Perpetradores y víctimas: diferencias de género. 6

2.2.      Bi-direccionalidad de la violencia familiar 7

2.3.      Estilos parentales. 8

2.4.      Perfil psicológico. 9

  1. Conclusión. 11
  2. Referencias. 13

1.    Introducción

Se entiende por violencia filioparental (VFP) cualquier acto del niño o niña para obtener poder y control sobre los padres al causarles daños físicos, psicológicos, emocionales o económicos. Siguiendo la definición de Cottrell (2001), el abuso psicológico ocurre cuando los/as niños/as intimidan al padre/madre, lo que produce temor, mientras que el abuso emocional se refiere a hacer que el padre piense que está loco, efectuando el/la niño/a amenazas manipuladoras (como amenazar con huir, suicidarse o autolesinarse), controlando de tal manera el funcionamiento del hogar.

La VFP es un fenómeno de gran percance en los últimos años, aunque parece haber poco apoyo o potencial de intervención disponible, en comparación con los casos de otros tipos de violencia familiar (Montolío, Moreno y Robles, 2013). Es difícil proporcionar datos sobre la prevalencia del abuso de los padres debido a la naturaleza secreta de este fenómeno, así como a la metodología utilizada (estudios cuantitativos vs cualitativos) y la muestra estudiada (muestra comunitaria, muestra clínica, datos judiciales o edad de los agresores) (Holt, 2013).

En los Estados Unidos, las tasas de agresión hacia los padres oscilan entre el 7% y el 29%, pero en Canadá y Francia las tasas son ligeramente más bajas (Gallager, 2008; Holt, 2016; Kennair y Mellor 2007). En España, la prevalencia en VFP establecida en las memorias judiciales sobre adolescentes de 14 a 18 años es del 3,1% en violencia física y del 12,9% en violencia psicológica (Rechea, Fernández y Cuervo, 2008)

El presente trabajo, se centra en la dinámica familiar actual y las características psicológicas de los adolescentes, con el fin de arrojar algo de luz sobre los factores de riesgo de VFP.

 

2.    Cuerpo

2.1.          Perpetradores y víctimas: diferencias de género

Investigaciones previas sobre la VFP (basadas en la evidencia de muestras clínicas o legales), indican que la mayoría de los agresores son hombres de entre 10 y 18 años que atacan a sus madres, principalmente en familias monoparentales (Condry y Miles, 2014; Ibabe y Jaureguizar 2010; Walsh y Krienert 2007, 2009). Un metaanálisis de una muestra total de 3.660 jóvenes identificados por padres o investigadores como violentos hacia sus padres, encontró que cerca del 72% de estos menores (2.609) eran niños (Gallagher, 2008).

Sin embargo, otros autores informan porcentajes similares de agresores chicos y chicas (McCloskey y Lichter 2003; Hong, Kral, Espelage y Allen-Meares, 2012). De acuerdo con Walsh y Krienert (2009) y Gallagher (2008), las diferencias de género en el abuso de los padres dependen del tipo de metodología de investigación utilizada con estudios clínicos, anecdóticos y forenses que encuentran más perpetradores de hijos, y estudios epidemiológicos que no encuentran diferencias de sexo. La evidencia disponible sugiere diferencias de sexo en la VFP, en la medida en que los hijos son más propensos a ser físicamente abusivos con sus padres, mientras que las hijas son más propensas a ser emocional y verbalmente abusivas (Hong et al., 2012).

Por esta razón, es más probable que los hijos sean derivados a servicios clínicos o denunciados. En cuanto a las víctimas de VFP, la mayoría de los estudios coinciden inequívocamente en que las madres son con mucha más frecuencia víctimas de abuso por parte de sus hijos. Sin embargo, la metodología utilizada para recopilar los datos debe tenerse en cuenta. Por un lado, la investigación basada en muestras comunitarias que utilizan autoinformes de adolescentes y padres registran pequeñas diferencias entre el número de víctimas de padre y madre (Gallagher, 2008). Por otro lado, la investigación mediante encuestas de población, muestra diferencias en la victimización dependiendo de la gravedad de la violencia (Cornell y Gelles, 1982). Cornell y Gelles (1982) encontraron que las madres reportaron haber sido víctimas de la violencia de sus hijos un poco más que los padres (11% vs 8%), pero cuando la violencia fue severa fue cinco veces más comúnmente dirigida a las madres (5% vs 1%).

Gallagher (2008) concluye que cuando los padres son los encuestados y solo se tiene en cuenta la violencia severa, la proporción de género de las víctimas parentales (es decir, aproximadamente el 80% de las madres) es totalmente consistente con la evidencia clínica y judicial. Según la teoría del aprendizaje social, una posible explicación para que las madres sean las víctimas más frecuentes de la violencia de sus hijos puede ser el modelo que recibe el niño al ver que el padre abusa de la madre. Otro factor puede ser que el niño creció con creencias irrespetuosas o despectivas sobre las mujeres, y aprendió a ver comportamientos violentos y abusivos hacia la madre como aceptables (Lyons, Bell, Fréchette y Romano, 2015; Margolin y Baucom, 2014).

2.2.          Bi-direccionalidad de la violencia familiar

El vínculo entre crecer en un contexto familiar violento y el posterior abuso hacia los padres queda cada vez más patente en la literatura sobre este tema (Kennedy, Edmonds, Dann, y Burnett, 2010; Margolin y Baucom, 2014; Pagani et al., 2009). En cualquier caso, se debe establecer una distinción entre dos tipos de violencia familiar y su influencia en la agresión de niño a padre: la violencia entre padres y la violencia de padre a hijo. La violencia entre padres ha sido identificada en algunos estudios como un factor decisivo para la futura violencia del hijo hacia los padres (en especial, hacia la madre) (Cottrell y Monk 2004), incluso cuando se controlan los síntomas de externalización de los jóvenes (Boxer, Gullan y Mahoney, 2009).

En su estudio, Boxer et al. (2009), encontraron una relación lineal entre la agresión familiar y la VFP en su muestra clínicamente referida. Cuando no hubo violencia entre padres ni violencia de padres a hijos, solo el 25% de los jóvenes exhibieron VFP, pero cuando se informaron agresiones entre padres y de padres a hijos, el 75% exhibieron VFP. Según la teoría del aprendizaje social, las experiencias de la primera infancia y las relaciones entre padres e hijos, como presenciar el abuso y los efectos de diferentes estilos de crianza y abuso dentro del hogar, influyen determinantemente en los patrones de comportamiento posteriores (Downey, 1997).

Los niños aprenden cómo comportarse presenciando el abuso interparental y experimentando un comportamiento violento de sus padres. Los resultados de los estudios que abordan las diferencias de género en la influencia de la violencia entre padres en el VFP indican que las hijas que presencian la agresión de los padres son menos propensas que los hijos a ser violentos con sus padres (Langhinrichsen-Rohling y Neidig, 1995). Boxer et al. (2009) registraron evidencia que sostiene la idea de que es probable que los jóvenes aprendan a comportarse agresivamente por culpa de comportamientos agresivos por parte de sus progenitores del mismo sexo. Observaron que los jóvenes tenían más probabilidades de ser físicamente abusivos hacia el progenitor de género contrario, si ese progenitor también era víctima de violencia física por parte del otro progenitor (por ejemplo, los niños tendrían más probabilidades de agredir físicamente a su madre, si su madre era victimizada por su padre).

En el caso de la violencia de padres a hijos, muchos estudios sugieren la hipótesis de la bidireccionalidad de la violencia familiar como explicación de la agresión de padres a hijos: los niños que abusan de sus padres tienen más probabilidades de haber sufrido violencia anteriormente por parte de sus padres (Boxer et al., 2009; Langhinrichsen-Rohling y Neidig, 1995). Esto estaría en la línea de la teoría de la coerción explicada por Patterson (1982), lo que sugiere que VFP es una consecuencia lógica por culpa de las interacciones hostiles y agresivas anteriores entre padres e hijos. La influencia del castigo severo de los niños por parte de los padres ha planteado la cuestión de la importancia de los estilos parentales para el desarrollo de comportamientos violentos en los niños.

2.3.          Estilos parentales

La construcción del estilo de crianza se utiliza para explorar las variaciones normales en los intentos de los padres de controlar y socializar a sus hijos, e incluye cuatro estilos de crianza: autoritario, autorizador, permisivo y no involucrado (Peña et al., 2017), con dos dimensiones principales: la capacidad de respuesta de los padres (calidez de los padres o apoyo) y el grado de demanda de los padres (control conductual) (Avci y Gucray, 2013). Los padres autoritarios controlan mucho el uso de la imposición y aplican castigos severos. Los padres autorizadores son exigentes y receptivos. Los padres permisivos son amables y afectuosos, pero su principal preocupación es no interferir con la creatividad e independencia de sus hijos; estos padres son más receptivos que exigentes. Los padres no involucrados tienen poca capacidad de respuesta y exigencia. Muchos estudios informan que la mala disciplina y supervisión de los padres, así como la crianza hostil, son factores de riesgo importantes para el desarrollo de conductas antisociales en la adolescencia (Feinberg, Solmeyer y McHale, 2012).

Los estudios sobre violencia entre padres e hijos han identificado los siguientes factores de riesgo: dificultades en las relaciones entre padres e hijos, padres con expectativas poco realistas y falta de habilidades de comunicación adecuadas (Kennedy et al., 2010). Gallagher (2008) informó en su revisión que los resultados sobre los estilos de crianza difieren según el tipo de estudio. Por un lado, los estudios clínicos, criminológicos, de salud y cualitativos encontraron que los jóvenes son más propensos a incurrir en abuso de los padres cuando sus padres son demasiado permisivos y/o aplican reglas y consecuencias inconsistentes (Cottrell, 2005; Robinson et al., 2004).

Por otro lado, la investigación cuantitativa generalmente muestra que el abuso de los padres ocurre cuando los progenitores son excesivamente controladores o autoritarios (Cottrell y Monk, 2004; Cottrell, 2005). Se ha sugerido que, en tales circunstancias, los padres a menudo aplican el mismo nivel de control rígido que aplicaban cuando sus hijos eran más pequeños, causando sentimientos de humillación, infantilidad y resentimiento en los adolescentes (Straus, Gelles y Steinmetz, 2017). Según Patterson y MacCoby (1980), es el uso inconsistente del castigo, en lugar del castigo en sí, lo que contribuye al abuso de los padres. Aunque los hallazgos sobre la paternidad permisiva y autoritaria y su influencia en la violencia entre padres y madres pueden parecer paradójicos, ambos se asocian con frecuencia con los comportamientos delincuentes de los adolescentes.

Tanto los estilos autoritarios como los permisivos se han sugerido como estilos de crianza “ineficaces” que no logran desarrollar el autocontrol en los niños (Gottfredson y Hirschi, 1990), tal vez, debido a: (a) no supervisan o rastrean el comportamiento del niño, (b) no reconocen un comportamiento inadecuado cuando ocurre, y (c) no corrige la mala conducta. Los padres pueden fomentar actitudes agresivas ya sea a través de su propio comportamiento (ejerciendo violencia) o permitiendo que sus hijos tengan comportamientos agresivos o no adecuados (Unnever, Cullen y Agnew, 2006).

2.4.          Perfil psicológico

Según el enfoque de los sistemas familiares, los miembros individuales de la familia y los subsistemas que conforman el sistema familiar, están mutuamente influenciados y dependen mutuamente entre sí (von Bertalanffy, 1975). Esto significa que no solo las características de los padres influyen en el niño, sino que las características del niño también pueden influir en la relación con los padres. Por lo tanto, también se debe estudiar el perfil de los adolescentes agresivos y su ajuste psicológico y social. Muchos estudios describen que los niños que abusan de sus padres en la adolescencia muestran una menor tolerancia a la frustración y comportamientos más agresivos y de oposición, además de ser más exigentes en comparación con la población general y con los niños y adolescentes con problemas de conducta identificados (Cottrell y Monk 2004). El abuso de sustancias estupefacientes y/o alcohólicas también se ha asociado con la violencia de padres a hijos (Pagani et al. 2004, 2009).

Pagani et al. (2009) encontraron asociaciones predictivas significativas entre los altos niveles de abuso de sustancias tanto en la agresión física de padre a hijo como en la agresión verbal, mientras que Pagani et al. (2004) informaron que el abuso de sustancias entre los adolescentes aumentó en un 60% la probabilidad de que la madre se convierta en víctima de agresión verbal por parte de sus hijos. Además, Walsh y Krienert (2007) encontraron diferencias sexuales significativas en la relación entre el abuso de drogas y el VFP, y los hijos son significativamente más propensos que las hijas a consumir drogas y/o alcohol en casos de abuso materno y paterno. Las enfermedades mentales graves, como la esquizofrenia o los trastornos bipolares, parecen poco frecuentes en los adolescentes que abusan de sus padres. Sin embargo, los trastornos de conducta, como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), muestran una relevancia especial.

Los resultados de Kennedy et al. (2010) indican que los delincuentes juveniles que fueron violentos hacia un padre estaban más perturbados psicológicamente (más hospitalizaciones psiquiátricas, uso de medicamentos psicotrópicos o intentos de suicidio) que aquellos delincuentes que cometieron otros tipos de delitos. Por lo tanto, los adolescentes con tales problemas generalmente muestran problemas de comportamiento no solo en el hogar, sino también en otros contextos como la escuela o el trabajo. Los comportamientos disruptivos en la escuela constituyen un factor predictivo importante para la agresión de los adolescentes contra sus madres (Pagani et al., 2004).

Otra investigación encontró que estos menores tienden a asociarse con grupos de pares que también muestran comportamientos violentos en sus hogares o participan en otros comportamientos delincuentes (Goulter, McMahon, Pasalich y Dodge, 2019). La influencia de los pares se ha identificado como uno de los factores más importantes en el desajuste social de los adolescentes, aunque no está claro si la influencia de los pares precede o sigue el comportamiento desviado de los adolescentes; tampoco está claro cómo el grupo de pares (pandillas) influye en la aparición de comportamientos desajustados (Farrington y Coid, 2003).

 

 

3.    Conclusión

El objetivo de este trabajo, ha sido el de analizar las diferencias de género entre los perpetradores y las víctimas de VFP (física, psicológica y emocional). La diferencia entre el abuso psicológico y emocional está respaldada teóricamente por numerosos artículos científicos y empíricamente por los resultados del factor exploratorio y confirmatorio.

Los estudios analizados, sugieren dos interacciones significativas: género del perpetrador × tipo de violencia y género de la víctima × tipo de violencia. Además, se encontraron relaciones entre los diferentes tipos de violencia intrafamiliar (violencia de padres a hijos, violencia entre padres y violencia de padres a hijos), y los resultados revelaron diferencias de género en la bidireccionalidad de la violencia familiar.

Finalmente, se han identificado factores de riesgo familiares (crianza inapropiada por parte de la madre y la violencia conyugal) y factores de riesgo personales de los adolescentes (abuso de drogas y desajuste social) que predicen la violencia física de los hijos hacia sus padres.

Se pude afirmar que, los hijos suelen ser más violentos contra sus padres que las hijas, aunque la diferencia no es muy grande.

También se planteó la hipótesis de que las madres serían víctimas de abuso de los padres con más frecuencia que los padres. Esta hipótesis se confirmó parcialmente, ya que hubo una interacción entre el género de los padres y el tipo de violencia. En lo que respecta a la violencia física, no se encontraron diferencias, aunque las madres sufrieron más violencia psicológica y emocional que los padres, independientemente del género del niño.

También es posible que los delitos más graves se cometan contra las madres, por lo que en muestras judiciales o clínicas el número de madres que son víctimas es mucho mayor. En cualquier caso, no es fácil explicar por qué las madres suelen ser víctimas de la violencia de sus hijos.

La bidireccionalidad de la violencia familiar fue mucho mayor en hijos que en hijas. Tanto el abuso infantil como la presencia de violencia interparental están más fuertemente asociados con el hecho de convertirse posteriormente en un perpetrador de violencia de pareja para hombres que para mujeres.

Algunos estilos de crianza o prácticas parentales de la madre se asociaron con violencia física entre padres e hijos, pero la intensidad de esa relación no fue alta. La educación adecuada de las madres fue un factor protector para la violencia física contra los padres, mientras que el rechazo emocional por parte de la madre fue un factor de riesgo.

Con respecto al perfil de los adolescentes que maltrataron a sus padres, el abuso de drogas, la baja autoestima, el locus de control externo y el desajuste social se asociaron moderadamente con la VFP física, psicológica y emocional.

En resumen, aunque la mayoría de los estudios sobre este fenómeno están de acuerdo en que las madres son con mucha más frecuencia víctimas de abuso por parte de sus hijos pequeños, en varias investigaciones solo hubo pequeñas diferencias en la victimización de padres y madres. La bidireccionalidad fue mucho mayor en los niños que en las niñas, posiblemente como resultado de las prácticas de socialización cultural y las influencias de modelación del comportamiento de los padres del mismo sexo.

Finalmente, una limitación de la presente investigación es que los datos se obtuvieron exclusivamente de autoinformes de adolescentes. La investigación futura también debe obtener información de otros miembros de la familia para una perspectiva más completa y precisa. Sin embargo, debe señalarse que algunas investigaciones sobre la adolescencia enfatizan la importancia de la experiencia subjetiva del adolescente, argumentando que la forma en que los niños perciben el comportamiento de sus padres tiene más influencia en su desarrollo que el comportamiento real de los padres. En cualquier caso, se necesita más investigación para analizar el perfil psicológico y psicopatológico de los adolescentes que se comportan violentamente hacia sus padres con diferentes tipos de muestras (comunitarias, clínicas y judiciales).

 

 

4.    Referencias

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