El abogado en el tiempo de vida y juicio

El abogado en el tiempo de vida y juicio
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EL ABOGADO EN EL TIEMPO DE VIDA Y JUICIO.

Por José Domingo Monforte. Abogado.

Socio Director de DOMINGO MONFORTE ABOGADOS ASOCIADOS.

 

“Dad a un hombre todas las dotes del espíritu, dadle todas las del carácter, haced que todo lo haya visto, que todo lo haya aprendido y retenido, que haya trabajado durante treinta años de su vida, que sea en justo un literato, un crítico, un moralista, que tenga la experiencia de un viejo y la infalible memoria de un niño, y tal vez con todo esto formareis un Abogado completo”

Ciuratti. Arte Forense.

 

Con toda seguridad, el lector encontrará en otros trabajos múltiples consejos, técnicas y recomendaciones para preparar adecuadamente el acto de la vista del juicio oral: desde su programación y estudio hasta los instrumentos y útiles -incluso nemotécnicas- para la exposición del informe.

 

La vocación, sin embargo, con la que escribo estas sencillas páginas no es la de pretender constituirlas en guía de seguimiento, ni en posicionar procedimientos de trabajo para el ejercicio profesional y el debate abierto en juicios complejos. Contrariamente, la finalidad es compartir experiencias que se muestran como útiles para la higiene y fortaleza emocional en el foro.

 

El abogado conoce, por lo general, con bastante antelación el señalamiento de la vista y la previsión de dificultad que, bien seguro, le va a requerir -por su complejidad- de tiempo y esfuerzos serenos adicionales para su éxito, que no es el resultado procesal, sino el buen hacer en el manejo del interés y beneficio del cliente en  Sala. Esto es, la excelencia en el oficio que, si luego es acompañado del éxito procesal, cierra el círculo de la satisfacción.

 

Sobre el resultado conviene recordar las acertadas palabras de Don Francisco Silvela “el majestuoso y respetable azar de la justicia humana”, pues nada es cierto ni certeramente predictible, hasta que el fallo alcanza firmeza.

 

Mis recomendaciones las ordenaré partiendo de ciertas convicciones o premisas que pueden ayudar a un estado pleno para el afrontamiento del envite profesional. El tan recordado y citado Don Ángel Osorio en el “Alma de la Toga” integra la fórmula que dio la fama a Cortina para coordinar el estado de ánimo al decir que “los pleitos los había defendido como propios y los había sentido como ajenos”. Resulta, a mi parecer, conclusiva y determinante la frase, pues a mi entender el adecuado estado de ánimo con el que hay que afrontar el juicio es el de sentirlo como ajeno, pero tener el compromiso propio y auto responsable en ello.

 

Al abogado se debe exigir en esta cultura en que vive y donde ha elegido libre y profesionalmente darse a los demás, ser persona emocionalmente sana, lo que conlleva tener el control de sus emociones y su comportamiento. Sin perder su individualidad y su temperamento, tiene que ser capaz de manejar con soltura los desafíos y saber recuperarse de los contratiempos. Ello requiere cuidar y mantener una buena salud física y mental, que generará un bienestar psicológico general en la vida y  en el ejercicio profesional.

 

Hay que generar y entrenar las características positivas que dan la plenitud como persona y en el arte del ejercicio profesional, siendo para mí las más destacables e importantes: el fiarse de uno mismo, sentido interior de respecto y confianza en ti y por ti mismo, que representa manejar con especialidad y seguridad la materia legal, lo que de suyo conlleva la flexibilidad de adaptarse a los cambios y mantener una mente abierta y un hábito de permanente auto-disciplina en el aprendizaje y formación continuada, como nos enseñó Aristóteles: “la excelencia más que un acto es un hábito”.

 

Sobre la capacidad de pensar, Conture acierta cuando dice que “el derecho se aprende estudiando, pero se ejerce pensando”, lo que requiere saber controlar el estrés y recuperarse de las adversidades. Para ello hay que orientar la búsqueda en lograr un sano y recomendable equilibrio entre profesión, vida y descanso, y ¿cómo no? la capacidad de reír y de divertirse. El derecho con dosis de humor es más digestivo, hemos de procurar  generar un sentimiento de satisfacción personal y vocacional. Busca tus satisfacciones intelectuales en cursos de formación, conferencias, foros, reuniones con compañeros… La interacción social y profesional nos mejora.

 

Estoy de acuerdo con aquellos que mantienen que la salud física está relacionada con la salud mental y emocional, aunque también he visto grandes abogados con escasa salud física. Sin embargo, no deja de ser cierto que cuando se mejora la salud física se experimenta un mayor bienestar mental y emocional: un moderado ejercicio físico libera endorfinas, despeja los bloqueos de la mente, alivia el estrés y nos da energía, elevando el estado de ánimo. Duerme y descansa lo suficiente, con cierto cuidado e higiene del sueño y, por último, mantén una correcta nutrición, lo que precisa aprender lo básico acerca de lo que comes y cómo te afecta: evita o limita el alcohol y el tabaco y, por supuesto, cualquier droga. Son los verdaderos y grandes enemigos de tu salud emocional, debes de cuidar de ti mismo, buscar y ambicionar  un estilo de vida saludable.

 

Así llegamos al momento cumbre del Abogado “de toga y sala”: el  día del juicio. Procurando estar serenamente relajados, sin llegar aparentar un aspecto de ‘dolce far niente’ incompatible con el calidoscopio profesional de sacrificio, disciplina y esfuerzo que requiere nuestro ejercicio profesional; pero con la serenidad, sosiego y el organizado optimismo que muestra la sonrisa -signo expresivo de bienestar, de comunicación y sociabilidad, que genera y transfiere seguridad en el cliente-.

 

Sabemos que nuestro cuerpo refleja lo que sentimos. Las señales corporales de nerviosismo como aumento de la frecuencia cardíaca, respiración superficial y acelerada, temblores en las extremidades, tensión muscular, sudores fríos, boca seca… alguna vez los habremos podido ver en algún cliente, pero nunca en su abogado.

 

Como abogados, debemos controlar nuestros pensamientos, evitando los pensamientos negativos depresores y ladrones de tiempo y energía. Para ello deberemos, previamente, tener ciertos métodos que nos funcionen. He compartido esta conversación y a algunos compañeros les funciona: llegar caminando, meditar, rezar, escuchar música estimulante… Cada uno es diferente y debe buscar lo que le resulte beneficioso, llegar a la sala de vistas, ni demasiado pronto ni demasiado justo.

 

En puertas de Sala evita noticias del despacho (correos, notificaciones, llamadas, quejas, comentarios de otros clientes ajenos a quien es el protagonista del juicio) y, sobre todo, evita a los ‘cenizos’, agoreros. Los inoportunos profesionales que suelen dárselas de muy sinceros son los peores, aquellas personas que solo encuentran el lado negativo de todo. No puedes evitar su comportamiento pero sí puedes evitar relacionarte con ellos, al menos en estos momentos previos en los que nuestra mente solo debe estar por y para el juicio. Hacedme caso en esta recomendación: ¡apártate de ellos!, vade retro Satanas como figura  en el  reverso de la medalla de San Benito.

 

La  psicóloga Ilena Strauss confirma esta opinión al sostener que no es una buena idea callar y aguantar, ya que toda esa negatividad que rodea a estas personas ‘cenizas’, acaba por mermar tu capacidad y tu ánimo.

 

Son personas ‘plomo’, como bien dice Antonio San José: personas que “se empeñan en llevarte al fondo”, individuos tóxicos de los que hay que huir y no dejar que se te acerquen. Por el contrario, déjate acompañar por las personas ‘corcho’, aquellas que te acompañan y te pueden mantener a flote y reforzarte el ánimo.

 

Ya en Sala, “festina lente”. Esta locución latina encierra -para mí- una máxima de sabiduría, la traducción literal es: «Apresúrate despacio». Al parecer, fue usada por el Emperador romano Augusto y, según el historiador romano Suetonio, era una de sus frases favoritas: “Caminad despacio si queréis llegar antes a un trabajo bien hecho”: dinámica lentitud consciente que nos permite ser reflexivos y evita contagiarnos del ‘proceder a toda prisa’ que imponen, en no pocas ocasiones, determinados jueces, en “sus juicios”.

 

Hay que revindicar y poner en valor el propio y reconocer en el de los demás (jueces, fiscales, contrarios) el trabajo bien hecho, es la antítesis de la vulgar regla de salir del paso.

 

Sentadas estas premisas de disposición y comportamiento, descenderé a darles mi opinión sobre el guion recomendable que procure y evite, en el momento de reclamar la venia para informar, caer en la tormenta de hechos e ideas, evitando que la excesiva confianza en la improvisación nos haga caer en la anarquía. No obstante, al propio tiempo, nuestros apuntes guionizados no tienen que atarnos, nosotros somos quienes mandamos sobre ellos y no éstos sobre nosotros, aunque, en ocasiones, el curso del juicio bien podrá hacer que nos olvidemos de ellos.

 

Voy seguidamente a exponer las ideas sobre las características que pueden hacer de nuestra exposición conclusiva un buen informe en Sala. Para ello, al prepararlo deberemos tener presente, en frase de Osorio, que el manjar predilecto de los jueces es la brevedad y, sinceramente, deberemos de buscarla filtrando los argumentos que den pleno sentido a lo que tenemos que decir y que den fortaleza a nuestra pretensión. Resulta oportuna la cita de Platón cuando sentenció que “los sabios hablan porque tienen algo que decir, los tontos porque tienen que decir algo”. Se trata, pues, de evitar zangolotear, esto es, dar vueltas a ideas sin ningún sentido ni propósito.

 

De nuevo buscaremos la brevedad medida y adecuada que habrá que encontrarla en la claridad y precisión rastreando la palabra precisa y adecuada, lo que el escritor francés Gustavo Flaubert, en su devoción por el arte lingüístico, definió como “mot juste” la palabra precisa, como nos recuerda el ingenioso Quevedo: “las palabras son como las monedas, hay una que vale por muchas, y muchas que no valen por una”. En cuanto a la claridad al estructurar los hechos relevantes que pueden resultar determinantes, certeramente establecidos, las soluciones jurídicas vienen solas. Informar con sencillez -que no simpleza-, huyendo de bachillerías sino, al contrario, desenvolverse durante el informe con asertividad y, a la vez, con humildad e inteligencia (ambas fruto de la pátina que da la experiencia), evitando los males de altura, que a algunos profesionales les provoca el éxito.

 

Por último, deberemos preparar mentalmente un aparente e improvisado cierre -conclusivo, líquido  y sintético-  a modo de franja de luz reflexiva, que pueda iluminar un fallo favorable.

 

Y este es el final: no hay mayor recompensa que la sensación del trabajo bien hecho; y luego, saber ganar. Qué certera la frase de Don Jacinto Benavente cuando clarificó distinguiendo que  “En la pelea se conoce al soldado; solo en la victoria, se conoce al caballero”. Yo he aprendido con el tiempo a saber ganar con humildad y perder con dignidad y a no darme a grandes alegrías cuando se gana, ni a  profundas decepciones cuando se pierde.

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